28/1/10
barça, barça, barça
20/1/10
això!!!
Avui al diari, Subirats. paraula per paraula, ho fem nostre:
Me gustaría ver a políticos menos estereotipados y menos previsibles, más dubitativos y cercanos, menos seguros de sí mismos y, en cambio, más radicales en sus valores. Políticos con trayectorias que sean consistentes con lo que (ahora) afirman, con más sentido de gobierno, pero menos obsesionados por sentarse en él. Políticos y partidos a los que cuando hablan de corrupción y de transparencia no les tiemble la voz pensando en los cadáveres que guardan en sus cajones y rinconcitos de memoria. Partidos y políticos dispuestos a colgar en Internet sus cuentas y que defiendan la transparencia general de las instituciones en las que quieren trabajar. Políticos que reconozcan que se acaba un mundo y que empieza otro, y que no saben muy bien cuál será el papel que les tocará desempeñar, pero que están dispuestos a buscar las salidas colectivas que mejor garanticen los valores que dicen defender.
La desconfianza social con relación a los políticos ha alcanzado cotas nunca vistas. Pero la rabia y el cabreo, si no se logra incorporarlos a procesos transformadores reales, sólo sirven para que los aprovechen millonarios y oportunistas en busca de liderazgos socialmente demagógicos y personalmente rentables. Prometen cambiarlo todo, pero sólo cambia a mejor para ellos y sus compinches. Las previsiones de participación electoral son bajas, y más bajas serán si no se logra conectar irritación con transformación social. No hay salidas fáciles del agujero en el que estamos. Deberíamos encarar el tema de la renovación política y social desde la fuerza de lo común; buscando conectar economía con vida y entorno, educación para todos y para toda la vida; asegurando que Internet sea un arma colectiva de información y comunicación, y no una nueva forma de apropiación privada del esfuerzo colectivo; trabajando para las seguridades colectivas y no sólo para la seguridad de los que la logren presionando o pagando. No hay debate serio sobre soberanía o sobre el derecho a decidir que no incorpore este tipo de cuestiones. Si no somos capaces de exigir la conexión de los temas vitales y estructurales con los temas políticos e institucionales, la confusión será formidable, y en ella navegarán con fruición todo tipo de demagogos y oportunistas. Hablamos del derecho a decidir sobre el futuro de Cataluña como nación, pero no estaría mal que los catalanes y catalanas tengan también la capacidad de decidir sobre su propio futuro, personal y colectivo.
19/1/10
la mala educació

ara, ben explicat
15/1/10
un bisbe que ha pecat
14/1/10
feina a fer
La Europa suicida
Una vez más, Italia marca el camino. Lo ha hecho con frecuencia para lo mejor: el Renacimiento. También para lo peor: el fascismo. O lo de ahora: la virulenta expulsión de la comunidad inmigrante de Rosarno, en Calabria, después de unos enfrentamientos entre los locales y los jornaleros agrarios africanos. El rechazo del otro, la fobia del extraño y el racismo no son exclusiva de nadie: partidos protofascistas, iniciativas xenófobas y legislaciones represivas proliferan desde Vic hasta Copenhague. Pero el vanguardismo italiano, facilitado por la mezcla de la fría política de los negocios con las ideologías calientes de la exclusión, ha dado una de las legislaciones más severas contra los inmigrantes de toda Europa y la mayor desprotección posible del Estado hacia los extranjeros.
Precisamente donde peor suelen ir las cosas es allí donde el Estado se retira, dejando un vacío que sólo llena la delincuencia. El contexto no es únicamente de rendición gubernamental en el mantenimiento del orden público y el imperio de la ley. Calabria tiene el récord de evasión fiscal y es a la vez una región subsidiada y carcomida por la corrupción. No es el caso de un Estado mínimo thatcheriano, sino de un Estado privatizado y confundido con el poder económico de Silvio Berlusconi, ocupado estos días, como durante toda su larga etapa en el poder, en sortear sus procesos judiciales y conseguir la inmunidad ante los jueces, mientras sus socios de la Liga del Norte se dedican a aplicar y difundir sus contundentes ideas acerca de la inmigración.
El mal estado de la economía y el incremento de las cifras del paro son más combustible sobre estas brasas ardientes, pero no deben llevar a confundirnos. El problema central con el que se enfrenta Europa es el de construir un modelo eficaz, respetuoso y civilizado de integración de sus inmigrantes, que permita absorber la mano de obra necesaria para mantener su riqueza, sus valores y formas de vida y sobre todo el Estado de bienestar. Éste es el reto que plantea un mundo cambiante, en el que las próximas cuatro décadas contemplarán cómo Europa se encoge de forma drástica respecto al resto del planeta, tanto en su demografía como en su producto interior bruto y no digamos ya en su capacidad de acción política, merced esta última a su ya proverbial indolencia.
Este mes China ya ha superado a Alemania como primer país exportador y a Estados Unidos como primer mercado automovilístico del mundo. Durante 2010 puede superar a Japón en cifras de PIB, convirtiéndose en la segunda economía mundial detrás sólo de EE UU. En las cuatro próximas décadas Europa perderá a espuertas peso, riqueza y poder no sólo en relación a China sino a Brasil e India. Según ha señalado Felipe González, en un adelanto de sus reflexiones sobre el futuro del continente, para mantenernos en la carrera, empezando por la interior de nuestras economías y nuestro modelo de sociedad, necesitaremos para 2050 nada menos que 70 millones de trabajadores inmigrantes nuevos.
Frente a estos cambios radicales, la reacción digamos que espontánea de la población europea es conservadora y defensiva: ante la pérdida de peso y centralidad, la pluralidad y la diferencia, atrincherémonos en nuestra identidad e ideología. La lista es larga: el referéndum suizo contra los minaretes, la prohibición francesa del velo en las escuelas, el discurso de Ratzinger en Ratisbona, el ascenso de partidos xenófobos, las modificaciones en las leyes de asilo e inmigración o la hostilidad francesa y alemana al ingreso de Turquía en la UE. Como resultado, la imagen de una Europa fortaleza, que expulsa y criminaliza a sus inmigrantes, está pegando fuerte, mucho más de lo que se percibe desde la propia Europa, en todo el resto del mundo.
Contrariamente a lo que dice el manual progresista al uso, el suicidio de Europa no es la aplicación de un proyecto de extrema derecha. O no sólo. La tierra donde crece son las tensiones y dificultades que sufren sobre todo los más desasistidos: en Calabria hay también una guerra entre pobres. Desde los suburbios franceses lepenizados hasta los parados calabreses que la 'Ndrangheta manipula, la base social más genuina del populismo y de las pestes negras del signo que sea son siempre los menos favorecidos. Luego está el abono que los hace crecer: ese Estado ausente, corrupto y privatizado. Y una lluvia fina mediática hecha de antiprogresismo, incorrección política y comunitarismo occidental disfrazado de universalismo. Al fin lo que tiramos por la borda son los valores genuinamente europeos, las ideas de la Ilustración que han sido hasta ahora la tracción de la modernidad occidental. Por este camino, primero perderemos el alma, pero después lo perderemos todo, Estado de bienestar incluido.
13/1/10
12/1/10
el capital
De tant en tant, sentim com hi ha treballadors que tenen molta barra. Que agafen la baixa per qualsevol tonteria (ai, els metges que les signen... on són?), que s'escaquejen sempre que poden i més, que són mals companys (això és el pitjor), etc... Tots fem el de més i de menys, és cert, però el sentit comú ens assenyala ben nítidament els límits. I també que hi ha gent que els ultrapassa amb escreix. Es tracta d'una figura coneguda, d'un perfil popular: tothom en coneix algú, d'aquest tipus de persona. Ens en faríem creus, si algun pájaro d'aquests fos un líder sindical. És a dir: que representès als treballadors i els seus interessos algú que no dóna cap mena d'exemple -ans al contrari- com a treballador, que n'és l'antítesi. A Espanya passa justament això amb l'altre part de la dialèctica capital-treball (je, je, je): el representant dels empresaris és un mal empresari (i el que hi havia abans ni tan sols era empresari). Perquè escolleixen per a representar-los tipus així? O potser encara més cert: perquè tipus així s'encaramen fins a aquestes posicions, cop a cop? És possible el diàleg social, quan dels representants no es sap ben bé què representen?
26/12/09
23/12/09
the countdown

sennet
14/12/09
duda
La duda siempre ha tenido mala fama. La tiene hoy, pero también ayer la tuvo. Y sin embargo, es imprescindible. Especialmente en esta época en la que todos llevamos un juez en el cuerpo. Sin la duda metódica no habría avanzado la ciencia. Y sin la duda el pequeño dios que llevamos dentro carece de contrapeso. La duda nos familiariza con el otro, con las miradas opuestas. La duda, ciertamente, corroe la propia identidad. Desconcierta y fatiga, sí, pero fomenta la prudencia y cultiva el respeto. Es problemática, pero democrática. Václav Havel (aquel escritor que, por circunstancias de la vida, se encontró ejerciendo de presidente de Checoslovaquia y más tarde de la República Checa) aprendió a dudar mientras mandaba. Y cuando dejó el cargo, en un discurso memorable, dijo: "Cada día me asusta más la idea de no estar a la altura. Cada día tengo más miedo de cometer errores, de dejar de ser alguien en quien se pueda confiar. Cada día tengo más dudas, incluso de mí mismo; y cuantos más son mis enemigos, más me pongo mentalmente de su lado". [Puigverd]
Els Bossi a l'aguait
A casa nostre els aspirants a emular a Umberto Bossi estan d’enhorabona. Com diria un vell dirigent marxista: comencen a estar a punt les condicions subjectives per tal de què un líder, i una avantguarda agosarada de fidels, impulsin les masses envers un escenari de mutació radical. Ajudarien al projecte la famosa crisi econòmica que cavalca incontenible generant atur, o els afers de corrupció que colpegen la moral col·lectiva... I, per si això fora poca cosa, ahir un articulista ens deia, encertadament, que a Espanya hi ha gent que fa veure que no hi veu i que cal desempallegar-se dels tics inquisitorials mesetaris. Afegeixin vostès, si ho prefereixen, unes gotes de xenofòbia antiislàmica veient salafistes sota qualsevol plat de cus cus, cuinat des de “els minarets de la por” de la Pilar Rahola, i obtindran el brou de cultiu idoni per a que megalòmans impresentables i histriònics, no disposats a desaparèixer dels mitjans de comunicació, es dediquin a excitar les emocions i els sentiments del personal. Si remenen bé aquests ingredients tindrem a l’abast les condicions per esberlar la societat catalana com mai. És el moment dolç dels que juguen a fer antipolítica des de la política per després viure de ella. Aprofitats, i aprofitades, d’aquests escenaris n’hi poden haver de dos tipus: els inspirats/des en Berlusconi, o Fini, i els que voldrien esdevenir una mena de Umberto Bossi a la catalana. Però....al loro! Catalunya no es la Padania. [Joan Ferran]
12/12/09
parlem-ne
10/12/09
8/12/09
abans d'ahir
4/12/09
puigverd, avui a lv
Quien más quien menos contribuye con su manera de informar a exacerbar las emociones. Y acostumbrado al juego del estímulo-respuesta, el Dios de la Audiencia exige sin cesar sorpresa y morbosidad. Los periodistas ya sólo pensamos en provocar grandes impactos. ¿Quién puede reflexionar sobre un conflicto histórico ante la visión de niños troceados por los bombardeos? La política se cuenta como una película de buenos y malos: el reparto del poder entre Catalunya y España, la crisis económica, el legado del fotógrafo Centelles, la corrupción o los sumarios de Garzón. Informar es narrar. Leemos novelas de corrupción, vemos combates de boxeo ideológico y nos presentan grandes misterios (todo es sospechoso). Somos empujados a juzgar cada capítulo de estas narraciones políticas como se hacía en el Coliseo de la vieja Roma. Embargados por la emoción, identificados con una u otra fiera, condenamos o aplaudimos sin cesar. Mejor dicho: generalmente linchamos. La razón –aquel ideal de los ilustrados– se perdió por el camino.
Llum!!!



